Lanceros del Pantano de Vargas

Lanceros del Pantano de Vargas

El 25 de julio de 1819 fue el día más glorioso para 14 campesinos llaneros que entraron en la historia como los lanceros del Pantano de Vargas. De ellos, cuatro eran tameños: los hermanos Bonifacio y Saturnino Gutiérrez, Inocencio Chincá y Pablo Matute.

Esa tarde del 25 de julio, el coronel español Francisco Barreiro y sus 3.500 soldados le estaban propinando una fuerte paliza a las tropas de Simón Bolívar que acababan de descender de los Andes provenientes de los llanos venezolanos. La batalla estaba perdida cuando el coronel Juan José Rondón le pidió permiso a Bolívar para ir a la carga con sus 14 lanceros de a caballo.

Era una última esperanza, casi inverosímil, de voltear las circunstancias y recuperar terreno. El libertador simplemente le dijo que sí, y luego extrañamente añadió presa de entusiasmo: Coronel, salve usted la patria .

Así fue. Los quince llaneros cargaron contra el grueso de tropa realista y en menos de tres horas la batalla del Pantano de Vargas estaba ganada. Fue la primera de una serie de combates durante dos años que llevaron a estos humildes campesinos a terminar peleando en las cumbres de Ayacucho y Pichincha, en el Perú, hasta conseguir el objetivo de independizar toda la América septentrional.

Concluida la guerra de independencia los hermanos Gutiérrez regresaron a Tame, en donde el Gobierno como reconocimiento a su contribución a la libertad de la patria les regaló las sabanas de San Lope y parte de Caribabare, algo así como unas 50.000 hectáreas de buena tierra.

Allí murieron. Sus restos fueron traídos a Tame por el Centro de Historia. Los de los otros dos lanceros no fue posible devolverlos a su tierra. Inocencio Chincá está sepultado en Tibasosa (Boyacá), donde fue declarado hijo adoptivo de esa población y en donde anualmente se le rinde un homenaje por sus hazañas en la guerra de independencia. La única condecoración que tiene el departamento de Arauca lleva el nombre de este prócer.

De Pablo Matute se sabe que está sepultado en Barinas (Venezuela) y no se han hecho mayores gestiones para traer sus restos.

Los Gutiérrez descansaron en paz en su mausoleo de Tame construido en 1996 en forma de pirámide chata de dos metros de altura, en el parque de Los Lanceros, sobre la vía que conduce al aeropuerto Vargas Santos.

El pasado 4 de febrero ese descanso se interrumpió abruptamente cuando, a las 3 de la madrugada, guerrilleros del Eln abandonaron una camioneta Cherokee amarilla, de placa venezolana, a 10 metros del mausoleo.

Lanceros

La Policía y el Ejército hicieron presencia en el lugar, pero no se acercaron al carro por temor a que lo activaran a control remoto, como dos días antes sucedió en Saravena. Los uniformados desviaron la caravana que hacia las diez de la mañana tendría que pasar por el sitio, encabezada por el ministro del Transporte, Gustavo Adolfo Canal, y otras personalidades.

A las 12:40 del medio día, la camioneta explotó destruyendo las placas de mármol negro de la tumba y dejando las osamentas por fuera, medio destrozadas. La onda explosiva causó destrozos serios a 27 viviendas y afectó a otras 40, en seis cuadras a la redonda.

Cuatro horas después del atentado, el presidente del Centro de Historia de Tame, Plutarco Granados, hombre de pelo cano, conteniendo las lágrimas rescató las dos cajas grises con lo poco que quedó de los Gutiérrez.

El historiador les quitó el polvo y las cenizas a las cajas grises en donde está escrito en letras rojas de marcador: "Teniente Bonifacio Martínez, Héroe del Pantano de Vargas", y en la otra: "Teniente Saturnino Gutiérrez, Héroe del Pantano de Vargas".

La última cabalgata para los lanceros fue en el sucio baúl de un taxi, en el que Granados condujo sus restos a un oscuro rincón del Centro de Historia, sin ningún tipo de honores, y bajo la custodia de una pintura del general Francisco de Paula Santander.

 

 

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